La historia de Almadén da comienzo cuando la naturaleza creó en sus entrañas el mayor yacimiento de mercurio conocido hasta la fecha. Se estima que Almadén ha producido aproximadamente la tercera parte del mercurio consumido por la humanidad. El yacimiento de Almadén se formó hace unos 430 millones de años, cuando las cuarcitas que hoy componen su subsuelo se estaban depositando bajo el mar en una plataforma continental de poca profundidad. Contemporáneamente con este episodio sedimentario surgió un volcanismo profundo de tipo básico que arrastró el mercurio desde las entrañas de la tierra. Este acontecimiento perdido en el tiempo marcará la historia de un pueblo y sus gentes hasta la actualidad. 

Los primeros pobladores destacados aparecen alrededor del 3500 al 2500 a.C., en plena Edad del Bronce. Se han encontrado vestigios de las valiosas colecciones de pinturas rupestres de arte esquemático en los abrigos de las sierras que la rodean. Estas pinturas se sitúan siempre sobre paredones verticales, muy visibles y orientadas al Sur. El color predominante es el rojo y de hecho, se cree que el cinabrio era ya empleado en ceremonias de carácter religioso. Por lo que a la temática se refiere, aparecen distintos motivos: figuras humanas, animales (caballos, ciervos...) o distinta simbología círculos, puntos, ídolos, etc. 

Nuevos pueblos fueron asentándose en estas tierras, buscando sus minerales y extensiones de pastoreo. Los siguientes grandes pobladores serán los romanos, vinculados a la llamada por ellos región Sisaponense, ya citada por el escritor Plinio. Aún podemos encontrar numerosos vestigios de villas romanas dentro del término de Almadén. Sin embargo la explotación intensiva de las minas no debió comenzar hasta el s. II a.C., cuando se consolidó la implantación del dominio romano en la zona.

La producción de cinabrio se exportaba a Roma íntegramente y "en bruto" en odres o recipientes precintados (hasta 10.000 libras anualmente), y en la capital del imperio se elaboraba el bermellón en las factorías situadas en el Foro Romano, entre el templo de Flora y Quirino. 

La rentabilidad de las minas debió ser enorme ya que el bermellón era un producto de lujo, que llegó a alcanzar en Roma el precio máximo de 70 sextercios la libra. Su principal aplicación era como pintura o tinte y, con él, untaban en las fiestas el rostro de la estatua de Júpiter y el cuerpo de los vencedores circenses. También se utilizaba en ungüentos y productos de tocador para las damas romanas y en la escritura de libros. 

Tras el declive romano se aprecia una época en la que tanto la minería como la agricultura y la ganadería de la zona pierden importancia, aunque no faltan muestras de pobladores visigodos en la zona. Estas tierras van reapareciendo con fuerza durante el dominio árabe, y así podemos encontrar numerosas fortalezas y atalayas al igual que multitud de palabras de este origen, incluido el nombre de hins al madin que derivará en el actual Almadén. Como ejemplo de la dominación de estas tierras nos puede servir el comentario del historiador árabe Al-Edrisi con referencia a la explotación de las minas en esa época en la que hace referencia a que en las minas trabajan más de 1.000 obreros y se alcanzaban profundidades de más de 420 metros (proporciones que son difíciles de creer). 

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La conquista cristiana de estos territorios hará que las minas pasen por distintos propietarios y arriendos. El más importante comienza en 1521 cuando la mina es arrendada a los banqueros Függer, como parte del contrato que hicieron sobre los Maestrazgos de las Órdenes de Santiago, Calatrava y Alcántara. Éste era el aval de sus adelantos monetarios para financiar la elección imperial y las guerras de Carlos V. 

El descubrimiento de América y sus grandes minas de plata darán el gran impulso al consumo de mercurio, motivado por la necesidad de amalgamar en frío la plata extraída según el método de patio desarrollado por el sevillano Bartolomé Medina. Esta necesidad de mercurio trajo consigo un obligado aumento de la producción en la segunda mitad de este siglo y la consiguiente necesidad de mano de obra. Es entonces cuando se decidió incorporar galeotes al trabajo de las minas. 

A partir de esta época, las aplicaciones del mercurio empiezan a multiplicarse.

Plano Almadén principios siglo XIX

Otro importante contrato que permitió el saneamiento de las arcas españolas fueron los firmados a partir de 1835 con la Banca Rothschild por los cuales esta compañía controlaría la comercialización del mercurio de Almadén hasta 1921 en que de nuevo las minas pasaron a ser explotadas por la Hacienda española. El Estado las ha explotado desde entonces hasta su cierre definitivo en la actualidad por la baja demanda de mercurio en el mundo y no por agotamiento de sus filones tras más de 2.500 años de explotación.

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